Alcaparrones ecológicos
La versión adulta de la alcaparra. Más grande, más carnosa e igual de poderosa
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Quizás los has visto alguna vez junto a las aceitunas y los pepinillos: verdes, ovalados y con un largo rabito que invita a cogerlos con los dedos. Son alcaparrones y, aunque su aspecto recuerda al de una alcaparra de gran tamaño, no son exactamente lo mismo.
Si acabas de descubrirlos o tienes un tarro en casa y no sabes qué hacer con él, aquí encontrarás ideas para comerlos, aliñarlos y añadirlos a tus platos sin complicarte.
La diferencia principal es botánica. Alcaparras y alcaparrones proceden de la alcaparrera (Capparis spinosa), una planta muy ligada al paisaje y a la cocina mediterráneos, pero corresponden a partes distintas.
La alcaparra es el botón floral que se recoge antes de abrirse. Es pequeña, firme y compacta, con un sabor intenso, ácido y salino. Se utiliza sobre todo como condimento en salsas, ensaladas y otros platos.
Si el botón no se recoge, la flor se abre y, después, se desarrolla el alcaparrón. No es, por tanto, una alcaparra de mayor tamaño, sino un fruto más grande y alargado, de textura carnosa y con pequeñas semillas en el interior.
Su sabor recuerda al de la alcaparra, aunque puede resultar algo más suave según el encurtido. Por su tamaño y su característico rabito, es muy cómodo para servir como aperitivo, aunque también puede añadirse a distintas recetas.
Antes de consumirlos, ambos se someten a un proceso de curado o encurtido que suaviza su amargor natural y termina de definir su sabor.
En los siguientes apartados nos centraremos en el alcaparrón, sus propiedades y sus posibilidades en la cocina. Si también quieres conocer mejor las alcaparras, puedes ampliar la información en nuestro artículo sobre sus beneficios, propiedades y usos culinarios.
Como ya hemos comentado, los alcaparrones son los frutos de la alcaparrera. Se recolectan cuando todavía están tiernos y, como ocurre con las alcaparras, no suelen comerse recién cogidos porque tienen un sabor muy amargo. Para hacerlos agradables al paladar se curan y se conservan, habitualmente en salmuera o vinagre.
La alcaparrera crece bien en ambientes cálidos y secos y forma parte de las recetas mediterráneas desde hace siglos. Puede prosperar en suelos pobres y pedregosos, e incluso entre muros y grietas.
En castellano, alcaparrón es el nombre más extendido. En algunas zonas también se llama tápara, especialmente en Aragón, o taparote, en Almería. A veces se describe como una «alcaparra grande», pero no es una alcaparra que haya crecido más, sino el fruto que aparece tras la flor.
Alcaparras y alcaparrones proceden de la misma planta, así que comparten buena parte de sus compuestos característicos. Esto es lo que aportan a nivel nutricional y qué conviene tener en cuenta antes de convertirlos en tu aperitivo habitual.
Entre los compuestos de la Capparis spinosa destacan flavonoides como la quercetina y la rutina, con actividad antioxidante.
La quercetina es uno de los flavonoides más estudiados de los alimentos vegetales, y la rutina, uno de sus derivados, contribuye a proteger las células frente al estrés oxidativo.
La cantidad presente en el producto final depende de la variedad y del proceso de elaboración, así que no debe darse por hecho que alcaparra y alcaparrón aporten exactamente lo mismo.
Si quieres profundizar en estos compuestos, puedes consultar nuestro artículo sobre las alcaparras como fuente de quercetina.
Los sabores ácidos y ligeramente amargos funcionan especialmente bien al principio de una comida. Estimulan la salivación y ponen en marcha la fase cefálica de la digestión, cuando el organismo comienza a prepararse para recibir los alimentos.
Además, el vinagre aporta ácido acético, estudiado por su efecto sobre la respuesta de glucosa tras comidas ricas en almidón.
Los alcaparrones encurtidos tienen pocas calorías y un sabor muy marcado, por lo que una pequeña cantidad basta para aportar contraste a aperitivos, ensaladas o salsas.
Como cualquier encurtido, contienen sal, así que si vigilas tu consumo de sodio, disfrútalos como lo que son: un toque de sabor, no una ración principal.
Nuestros alcaparrones en vinagre vienen listos para comer. Solo tienes que abrir el tarro, escurrir la cantidad que vayas a servir y llevarla a la mesa. No es necesario cocinarlos, quitarles las semillas ni retirar el rabito, pues sirve para cogerlos cómodamente con los dedos.
Si te parecen demasiado intensos, puedes enjuagarlos unos segundos y escurrirlos bien antes de aliñarlos.
Para servirlos tal cual, colócalos en un bol y añade un poquito de aceite de oliva virgen extra. A partir de ahí puedes probar distintos aliños:
Déjalos reposar entre 15 y 30 minutos para que se integre todo.
Enteros resultan carnosos y crujientes; cortados en rodajas, reparten mejor su acidez; y, bien picados, se integran en aliños y salsas. Como el encurtido ya aporta bastante intensidad, conviene probar el plato antes de añadir sal.
Es suficiente con escurrirlos y servirlos junto a aceitunas, almendras tostadas o un buen queso. El rabito permite cogerlos con los dedos, por lo que funcionan especialmente bien en una mesa de picoteo.
Para preparar unas banderillas, ensarta en cada palillo un alcaparrón, un tomate cherri, un dado de queso manchego y una aceituna. Unas gotas de AOVE y una pizca de orégano le darán el toque final.
En las ensaladas, los alcaparrones agradecen ingredientes de sabor suave o ligeramente dulce: patata cocida, tomate, legumbres, cebolla, queso de cabra o feta.
Una combinación muy sencilla es la de patata templada, huevo duro, bonito, cebolla morada y alcaparrones en rodajas, aliñada con AOVE, mostaza y unas gotas del propio vinagre del tarro.
También puedes picarlos finamente para dar un toque especial a un tartar de salmón, atún o tomate. Sobre un carpaccio de ternera o calabacín, unas pocas rodajas bastan para añadir el punto ácido; completa el plato con rúcula, parmesano y AOVE.
La salsa tártara es quizá su uso más conocido, pero no el único. Se pueden incorporar a una vinagreta, una crema de queso, un hummus o incluso un guacamole. Empieza con poca cantidad: siempre habrá tiempo de añadir alguno más.
Para una salsa rápida, mezcla 125 g de yogur natural con dos o tres alcaparrones bien picados, eneldo o perejil, unas gotas de limón y un chorrito de AOVE. Tras unos minutos de reposo, estará lista para acompañar pescado, patatas o verduras.
El sabor del encurtido combina especialmente bien con pescado blanco, pollo, conejo y platos elaborados con tomate. Si se añaden al final de la cocción, conservan mejor la textura y la frescura.
Prueba a asar berenjena, calabacín, pimiento y cebolla. Al sacar la bandeja del horno, aliña las verduras con un poco de AOVE e incorpora alcaparrones. Su acidez equilibra el dulzor de las verduras asadas.
En una merluza al horno, una pasta con tomate o una pizza pueden utilizarse del mismo modo: incorporados durante los últimos minutos o justo antes de servir.
Un buen alcaparrón debe conservar una textura firme y carnosa, un sabor equilibrado y el rabito intacto. También merece la pena revisar la lista de ingredientes: cuanto más sencilla sea, más fácil resulta saber qué estás llevando a casa.
Los alcaparrones ecológicos de Como Como Foods están elaborados con alcaparrón ecológico, vinagre de Jerez ecológico y agua filtrada. El vinagre de Jerez les aporta una acidez más marcada y un perfil aromático más complejo que el de un vinagre neutro.
Están listos para servir como aperitivo o para darle un toque especial a un plato sencillo.





